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La clave para el fortalecimiento de la Casa de Las Mujeres es diseñarla desde un prisma feminista e inclusivo

Así de rotunda se muestra Marian Andrés, convencida de que todas las mujeres aportan algo y deben participar en la futura Casa en igualdad de oportunidades. Feminista y anticapacitista, declara estar en continuo proceso de aprendizaje, tiene alma viajera y se apasiona con cada aventura que inicia, ya sea en lo personal o en lo profesional. “Se puede decir que mi vida no ha sido fácil desde el mismo momento de nacer; tal vez por mi entorno, o por mi misma, fui poniéndome metas”, aclara Marian.

Los viajes en los que le gusta embarcarse tienen que ver con la accesibilidad y el feminismo activista “para abrir mentes y visibilizar la interseccionalidad que nos atraviesa a las mujeres con diversidad funcional”. Marian da buena cuenta de ello en cada sesión de trabajo con el grupo motor, del que forma parte, encargado de codiseñar la Casa de las Mujeres de Portugalete.

Marian, en el proceso se afirma con rotundidad que la Casa de las Mujeres de Portugalete debe ser la Casa de TODAS las Mujeres
Construir una Casa para Todas las Mujeres supone, por un lado, un cambio de conciencia y, por otro, la acción coordinada de varias personas que se propongan transformar las organizaciones en lo público y en lo privado. El feminismo es una práctica que va evolucionando y enriqueciéndose con las aportaciones, reflexiones, testimonios y experiencias de mujeres diversas y que supo demostrar que el mundo está construido para los hombres; además, gran parte de este mismo mundo está construido como si cada uno de los cuerpos de las personas estuvieran idealmente formados, es decir, como si todas las personas pudieran hablar, caminar, escuchar o ver de la misma manera. La realidad es que cada persona necesita trabajar y recrearse en un lugar compatible con sus condiciones.

Las mujeres con diversidad funcional tenemos que participar en la Casa en igualdad de oportunidades que el resto de mujeres. Todas las mujeres debemos sentir y ser parte de este proyecto, seamos como seamos, porque la diversidad aporta valor y beneficios en una comunidad. Trabajar desde el diseño universal y el feminismo supone un nuevo camino, tal vez más largo, pero más seguro y justo. Desde esta posición, hay que seguir insistiendo en formación y sensibilización para la igualdad de trato, la accesibilidad universal, con propuestas de actuación y autodefensa feminista diversa.

¿La diversidad es una fortaleza para el proyecto de la Casa para TODAS las Mujeres?
No es la diversidad porque, al fin y al cabo, todas somos diversas. La clave para el fortalecimiento de este proyecto es diseñarlo desde un prisma inclusivo; una de las ramas más completas es el Diseño Inclusivo o Diseño Ronald Mace, quien señaló los sietes principios básicos de un diseño universal: equidad y flexibilidad de uso, fácil e intuitivo, información perceptible, tolerancia al error, bajo esfuerzo físico y espacio suficiente de aproximación y uso. Si se siguen estos principios, habrá igualdad dentro de la diversidad. Por ejemplo, antes las cocinas se diseñaban de manera que solo una persona, normalmente la mujer, pudiese cocinar en ellas y, por sus dimensiones, se cocinaba de cara a la pared; ahora, los diseños de las cocinas son más amplios, con isletas u otros elementos que permiten que varias personas puedan cocinar al mismo tiempo. Esto no solo significa una mayor comodidad o que otras personas podamos movernos con más facilidad en estos espacios; significa que el diseño tiene en cuenta la perspectiva de género para evitar conductas machistas, dando un paso importante en pro de la igualdad entre mujeres y hombres.

¿Cómo se pueden sumar las diferentes capacidades de las mujeres para hacer un proyecto fuerte y conectado con el municipio?
Me gustaría no hablar de capacidades, sino de que todas las personas somos diversas y aportamos algo; por lo tanto, debemos tener en cuenta la perspectiva feminista inclusiva, en la que lo importante es la mujer y no la ideología, e incluye a todos los géneros como parte importante de la lucha por la igualdad de derechos de las mujeres. Tenemos que crear una sociedad basada en el equilibrio entre la diversidad en la igualdad de derechos y la inclusión. Si salimos del patriarcado explotador para caer en el matriarcado impositivo unidireccional seguiremos pensando bajo criterios de dominación (de un lado o de otro) y no seremos libres para elegir sobre nosotras mismas.

La sororidad nos debe ayudar a concienciarnos de que somos muy diversas y de que es nuestra obligación, como mujeres que somos, sentir empatía por la lucha y opresión que pueda vivir otra hermana. Si las voces diversas se unen se enriquecerá mucho más el camino hacia una igualdad real. Para eso, hay que tener voluntad y predisposición de aprender unas de otras y hay que estar totalmente abiertas; así, conseguiremos callar muchas voces y derribar muchos muros. Y, en este caso que nos ocupa, hacer un proyecto más cohesionado y un Portugalete más inclusivo.

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