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Soledad Murillo: “Las mujeres nacemos con una hipoteca sobre nuestro propio tiempo”

La profesora de Sociología en la Universidad de Salamanca, y la que fuera secretaria de Estado de Igualdad del Gobierno de España hasta enero de 2020, Soledad Murillo de la Vega, ha sido protagonista de la conferencia telemática organizada por el Ayuntamiento de Portugalete con motivo del Día Internacional de la Mujer. Con su ponencia, ‘La proeza de cuidarse’, ha defendido la corresponsabilidad a la hora de administrar los cuidados, la reciprocidad como verificador de la igualdad y la transgresión como herramienta para avanzar en términos de igualdad.

“La corresponsabilidad está lejos de ser una realidad y la conciliación es una trampa. Las mujeres generamos bienestar a los que conviven con nosotras, pero no hay reciprocidad”, sostiene Soledad Murillo. Los datos lo confirman. Durante el último año, una de cada cuatro mujeres ha renunciado a todo, o a parte de su trabajo, para atender a sus hijas e hijos, personas dependientes y personas mayores. El 74% ha utilizado sus días de vacaciones, otras han cogido excedencias, días sin sueldo o reducciones de las jornada al 100% sin sueldo. “Tenemos que saber que esta reducción de salario o jornada laboral profundiza aún más en la desigualdad que obstaculiza las oportunidades de crecimiento y compromete nuestro futuro y nuestra jubilación. Si no hablamos de corresponsabilidad, la responsabilidad de los cuidados sigue estando en nuestro tejado”.

La socióloga feminista defiende que la reciprocidad es un prinicipio esencial para el reparto equitativo de los cuidados: “Si no existe esta reciprocidad lo que ocurre es que la mujer hace una donación de su tiempo en detrimento de su propio cuidado para que otros tengan tiempo excedente. Hay que hablar de la reciprocidad como un verificador de la igualdad; los cuidados son centrales en la vida, pero repartidos, recíprocamente valorados, y devueltos, y con la vigilancia de que en ningún caso se va a expropiar mi capacidad de tener proyectos propios”.

La profesora insiste en la enorme presión social que existe para que las mujeres se comporten “en coherencia con su género. Hemos interiorizado los cuidados como una labor nuestra. Por eso, cuando se abandona un tiempo de cuidados aparece la culpabilidad. En este sentido, cada vez que experimentamos culpabilidad estamos transgrediendo nuestro género para convertirnos en personas libres. La culpabilidad es la prueba irrefutable de una transgresión y cada vez que hemos sido transgresoras hemos podido avanzar en términos de igualdad”.

Soledad Murillo considera que disponer del tiempo de las mujeres “es un acto de poder. Los cuidados son magníficos mientras estemos alertas y nos preguntemos por qué el cuidado no se distribuye, por qué no se pide reciprocidad y por qué me están expropiando la oportunidad de crecimiento y de futuro por cuidar y sostener la vida de los demás. Podemos renunciar al cuidado que nos saquea y quedarnos con el cuidado de calidad. Desertar es una palabra que me gusta mucho porque significa abandonar una imposición que consideramos injusta. La deserción en lo doméstico no significa descalificar el cuidado sino revelarse ante la consideración de que el cuidado sea un territorio exclusivo de las mujeres”, finaliza la profesora.

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